El paisaje humanizado del Matarraña, evidente sobre todo en su cuenca media, es también de una gran belleza. En las zonas llanas y en el fondo de las vales se extienden campos cuidados con esmero que suelen estar delimitados por antiguos muros de piedra y por caminos. Entre los campos, en las pequeñas elevaciones no roturadas crece el bosque mediterráneo con predominio del pino carrasco y matorral de plantas aromáticas como el tomillo y el romero en el que están prosperando los jabalíes. Las tierras de labor se han dedicado tradicionalmente al cultivo de olivares y almendros, que aparecen muy a menudo asociados, y al de pequeños viñedos.
Como nexo de unión de estos ecosistemas aparecen los cursos de los ríos Matarraña, Tastavins y Algars junto a los cuales prospera una rica vegetación de ribera que dibuja en el paisaje unas sinuosas bandas verdes de chopos, álamos, sauces y fresnos. Junto a los ríos, que a menudo sufren importantes avenidas, se localizan las tierras de regadío y los restos conservados de numerosas obras que fueron de trascendental importancia en la vida cotidiana de nuestros antepasados: molinos harineros, batanes, fábricas, lavaderos, norias... También aquí la fauna es rica y variada siendo fácil la contemplación de aves acuáticas como la garza real, el martinete, el martín pescador o la cigüeña.
Fuente: Comarca del Matarraña. Colección Territorio7. Gobierno de Aragón









