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La crisis: un complot universal - José Miguel Gracia

Dicen que el diablo existe, allá cada cual con sus creencias. Pues bien, ni su malignidad, ni toda su capacidad de perturbar el entendimiento de algunas personas, tal como relatan los exégetas de los casos de endemoniados, hubiese podido actuar con mayor sutileza y perversión, no sólo en el cuerpo de un individuo, sino en el de la mayoría del corpus social. Me refiero a las causas y al proceso de la crisis económica que atenaza a la gran mayoría de los países desarrollados o en vías de desarrollo. Las hipotecas basura americanas, producto de las inmorales ansias de ganar dinero en un mercado desregulado e incontrolado, esparcidas por el mundo occidental a través de las titularizaciones, explotaron un determinado día, reventando el sistema financiero de los Estados Unidos y dejando muy tocado el mercado europeo. Aquí en España, explotó a continuación la burbuja inmobiliaria. El miedo y la desconfianza se adueñaron de las economías y, lo que es peor, de los individuos en general. Comenzó la espiral económica a encogerse. A partir de este momento, parece que alguien, perverso e inmoral, esté sembrando el mundo de desconfianza y miedo. ¿Será el demonio? Los bancos no se fían unos de otros, piensan que el otro está en peor situación que ellos mismos y solo prestan dinero a aquellas personas o empresas que demuestran que lo podrán devolver. La gente que no sufre realmente la crisis ha restringido sus gastos, tal vez por nada en concreto. Los que realmente soportan la crisis, los parados, no compran porque no pueden. Las empresas despiden trabajadores porque no les hacen falta y por si acaso. Y la espiral económica se dirige hacia el centro.

(Recuerdo que hace un tiempo escribía sobre la crisis, comparándola con un embotellamiento de fin de semana en una gran ciudad. No preví en aquel momento que una gran parte de las personas que ocupaban los coches, saldrían de los mismos y se negarían a entrar por miedo a nuevos embotellamientos, o ¿quién sabe por qué? Los que se quedaron dentro de los coches, tampoco han podido circular, se lo impiden los coches abandonados).

Matarraña / MatarranyaTodo el mundo pide soluciones a los gobiernos. Algunas medidas se toman, pero sirven más bien de poco. La oposición culpa al gobierno, como si éste tuviera poder sobre las mentes. Los más arriesgados, conocedores del tema, hacen previsiones, las cuales se muestran erróneas al cabo de pocos días o semanas. Aumenta la desconfianza y la espiral económica se encamina hacia el centro. Si no es Satanás el culpable, esto es un complot de no se sabe quien, que ha hecho que la mano invisible del mercado haya perdido el pulso, si es que lo tuvo alguna vez. El que no esté de acuerdo con lo que digo que me explique cuales son los actuales motivos concretos de la desastrosa crisis que está atravesando el mundo. Nos hará un favor a todos.

Desafortunadamente no tenemos otro sistema económico, ni posibilidad de tenerlo en breve, no obstante algo habrá que hacer, mejor dicho, mucho habrá que hacer en los modelos aplicados si se quieren evitar nuevas crisis, así como dar confianza al corpus social. Los polvos neoliberales nos han llevado a estos lodos de miedo, desconfianza, retracción e hipercrítica improductiva y generadora de más desconfianza

(Pero llegará un día en el que, cansados los conductores y los acompañantes de vagar por los campos cercanos a las autopistas y observando que los precios de la gasolina y el gasoil estarán ya muy bajos, decidirán entrar en los coches, accionarán la llave del encendido y poco a poco empezarán a circular. En el camino que les lleva a sus casas, se darán cuenta que sus coches se han quedado viejos y tomarán la decisión de cambiarlos. Atravesando la ciudad, antes de llegar a sus domicilios, verán multitud de anuncios de venta de pisos. Algunos conductores, sabiendo que habrán bajado un cuarenta por ciento o más, tal vez decidan comprarse uno. Los bancos y cajas abrirán un poco la mano, contemplando la euforia naciente. Y colorín, colorado…)

No busquen demasiado las verdaderas causas de la espiral de la crisis: no están en la economía, aunque en ella se reflejen, están en nuestras mentes, y éste es el complot: la suma de miedos y desconfianzas individuales lo hacen universal.

José Míguel Gracia -   finestro.wordpress.com

 

 

 
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