(Recuerdo que hace un tiempo escribía sobre la crisis, comparándola con un embotellamiento de fin de semana en una gran ciudad. No preví en aquel momento que una gran parte de las personas que ocupaban los coches, saldrían de los mismos y se negarían a entrar por miedo a nuevos embotellamientos, o ¿quién sabe por qué? Los que se quedaron dentro de los coches, tampoco han podido circular, se lo impiden los coches abandonados).
Todo el mundo pide soluciones a los gobiernos. Algunas medidas se toman, pero sirven más bien de poco. La oposición culpa al gobierno, como si éste tuviera poder sobre las mentes. Los más arriesgados, conocedores del tema, hacen previsiones, las cuales se muestran erróneas al cabo de pocos días o semanas. Aumenta la desconfianza y la espiral económica se encamina hacia el centro. Si no es Satanás el culpable, esto es un complot de no se sabe quien, que ha hecho que la mano invisible del mercado haya perdido el pulso, si es que lo tuvo alguna vez. El que no esté de acuerdo con lo que digo que me explique cuales son los actuales motivos concretos de la desastrosa crisis que está atravesando el mundo. Nos hará un favor a todos.
Desafortunadamente no tenemos otro sistema económico, ni posibilidad de tenerlo en breve, no obstante algo habrá que hacer, mejor dicho, mucho habrá que hacer en los modelos aplicados si se quieren evitar nuevas crisis, así como dar confianza al corpus social. Los polvos neoliberales nos han llevado a estos lodos de miedo, desconfianza, retracción e hipercrítica improductiva y generadora de más desconfianza
(Pero llegará un día en el que, cansados los conductores y los acompañantes de vagar por los campos cercanos a las autopistas y observando que los precios de la gasolina y el gasoil estarán ya muy bajos, decidirán entrar en los coches, accionarán la llave del encendido y poco a poco empezarán a circular. En el camino que les lleva a sus casas, se darán cuenta que sus coches se han quedado viejos y tomarán la decisión de cambiarlos. Atravesando la ciudad, antes de llegar a sus domicilios, verán multitud de anuncios de venta de pisos. Algunos conductores, sabiendo que habrán bajado un cuarenta por ciento o más, tal vez decidan comprarse uno. Los bancos y cajas abrirán un poco la mano, contemplando la euforia naciente. Y colorín, colorado…)
No busquen demasiado las verdaderas causas de la espiral de la crisis: no están en la economía, aunque en ella se reflejen, están en nuestras mentes, y éste es el complot: la suma de miedos y desconfianzas individuales lo hacen universal.
José Míguel Gracia - finestro.wordpress.com








